Qué Debe Hacer para Competir en el Exterior
Si su empresa ha decidido optar por la internacionalización y
carece de la estructura suficiente que le garantice una presencia
óptima en los mercados exteriores, le interesa un consorcio. Es
un medio para obtener aquello que le falta: un equipo capaz de
salir al extranjero con eficiencia y continuidad. Así, las dificultades
económicas y de organización para crear un departamento de exterior
en su empresa, no le llevan a perder buenas oportunidades por
falta de promoción y presencia de sus productos en las zonas de
consumo.
Se trata de unir esfuerzos y compartir gastos. Esto es lo que
se entiende por consorcio, o bien una asociación estratégica entre
dos o más empresas con la finalidad de abordar y desarrollar de
forma conjunta sus mercados de exportación.
La figura del Consorcio de Exportación desempeña un papel importante
en la economía española, donde un gran número de empresas son
de reducida dimensión -tanto comercial como financieramente- y
con escasa experiencia internacional.
También, formar parte de un consorcio significa que usted dispone
de más tiempo para dedicarlo a su verdadera función: supervisar
y coordinar todas las áreas de la empresa. Por tanto, pese a las
dificultades que toda agrupación plantea, hay indudables ventajas
que aconsejan potenciar la formación de consorcios en nuestro
país como una vía más para alcanzar la internacionalización de
la empresa española. Pero hay que tener en cuenta que el consorcio
es una inversión a medio y largo plazo, y que los resultados empiezan
a llegar al año y medio de su constitución.
Los pasos necesarios. Los Consorcios de Exportación en España
nacen al amparo de los programas del Instituto
de Comercio Exterior de España (Icex). Desde que se creó,
en 1982, viene desarrollando una serie de programas orientados
a fomentar la exportación colectiva. De este modo, con la creación
en el año 1983 del programa Consorcios de Exportación es cuando
surge en nuestro país esta figura, con el ánimo de compartir entre
varias empresas los gastos de constitución y funcionamiento de
centrales de ventas al exterior.
Existe una gran variedad de consorcios debido, principalmente,
al gran número de factores o variables que pueden ser objeto de
pacto o acuerdo entre las empresas que deciden formarlos para
empezar a exportar. Según la finalidad que se persiga en cada
uno de ellos, se puede hablar de consorcios en origen y en destino.
El primero es el que se constituye en España para abordar mercados
exteriores, y el segundo es el que se crea en el exterior por
empresas españolas. Otra división es la que hace referencia a
consorcios multisectoriales y monosectoriales. Los primeros, como
su propio nombre indica, están formados por empresas pertenecientes
a sectores diversos; los segundos son los compuestos por empresas
del mismo sector. También dentro de los consorcios se pueden dar
dos casos diferentes: los que realizan la facturación directamente
y aquéllos en los que esta labor la realizan las empresas.
En cualquier caso, el programa de Consorcios de Exportación
que pone en marcha el Icex
para ayudar a las pequeñas y medianas empresas (pymes), tiene
una duración de cuatro años. Durante los dos primeros años, se
subvenciona el 50% del presupuesto estimado de los gastos de estructura
-excluido el IVA-, que se van a generar tanto en España como en
el exterior, así como la promoción exterior. En cambio, durante
el tercero y el cuarto año será subvencionable sólo el 40% del
presupuesto estimado -excluido el IVA-, de los mismos conceptos.
Trámites.
Sin embargo, para poder beneficiarse de estas ayudas, el primer
paso es acudir a un notario para dotar al consorcio de una personalidad
jurídica propia e independiente de las empresas que lo componen.
Por otra parte, las empresas que forman el consorcio tienen que
estar al corriente en el cumplimiento de sus obligaciones fiscales,
Seguridad Social y materia laboral. Además, los consorcios constituidos
en España deberán estar formados por un mínimo de cuatro empresas
fabricantes españolas, y por razones muy justificadas pueden ser
tres. Si el consorcio se ha establecido en el exterior, el número
mínimo también es de tres. Otras condiciones son contar con un
gerente imparcial y en exclusiva, presentar un plan de actuación
en el exterior y otro de viabilidad económico-financiero, ambos
a cuatro años.
Es fundamental que las empresas no se pierdan en el 'papeleo',
porque lo básico es fijar muy bien el mercado y sus objetivos:
dónde y cómo se van a mover. Tener intereses comunes entre ellas,
un poder de reacción ante el crecimiento y estar seguras de que
lo pueden afrontar son otras de las premisas. Y para que esto
pueda llevarse a cabo, están las Cámaras de Comercio en cada autonomía,
que apoyan y asesoran a las empresas interesadas en las fases
de preselección: reuniones preparatorias para asegurar el compromiso
de las empresas, perfilar características y apoyarlas institucionalmente,
constitución, elaboración de los estatutos y demás trámites del
nuevo ente.
Una vez constituido legalmente el consorcio y puesto en marcha,
la Cámara de Comercio procede a apoyar la selección del gerente,
así como a gestionar y asesorar en todo aquello relativo a mailings,
catálogos, ferias o estudios de mercado. Sea como sea, hay que
establecer un nivel de empresa media en todos los órdenes: en
calidad y en capacidad de gestión. La Cámara de Comercio lo observa
a través de los talleres (reuniones) que tiene con las empresas.
Ventajas.
La pertenencia a un consorcio, si este inicio está bien configurado,
tendrá un balance positivo. La pérdida de independencia que alegan
algunas empresas será mucho menor que los beneficios generales
obtenidos. Sobre todo, porque muchas pymes no podrán poner en
práctica estas iniciativas si no es desde la viabilidad estructural
y económica de los consorcios.
De ahí que las ventajas que esta figura presenta para la pequeña
y mediana empresa se puedan resumir en las siguientes: Oferta
de una mayor gama de productos. Se dispone de un catálogo de ventas
más amplio y atractivo para el comprador extranjero. Esto multiplica
las posibilidades de venta de cada uno de los productos y otorga
mayor poder de negociación.
Posibilidad de actuación en los mercados exteriores, superando
las dificultades de su dimensión y estructura financiera a través
de la coparticipación en los costes. Acceso más fácil a estudios
de mercado, abaratamiento de las acciones promocionales: ferias,
misiones, publicidad, promociones en punto de venta, comunicación...
Creación de un Departamento de Exportación común donde antes
no existía, o no tenía la debida cualificación profesional. Es
decir, reforzamiento de la gestión profesionalizada de la exportación.
Posibilidad de acceder a subvenciones y ayudas de la Administración.
El empresario no tiene que ampliar la estructura organizativa
de su propia empresa, y puede dedicar mayor atención a las tareas
productivas.
Cada empresa asociada conserva su identidad, aunque puede ocurrir
que la exportación se realice bajo una misma denominación o marca.
En cualquier caso, no hay que olvidar que el éxito o fracaso
de un consorcio no debe medirse solamente por los resultados económicos
a corto plazo.
Obstáculos.
Desde la creación del programa y hasta la fecha, se han apoyado
en el Icex un total de 95 consorcios, de los que continúan funcionando
56; y de éstos, el 37% corresponde al País Vasco. Le siguen Madrid
y Cataluña, con un 10% cada uno; Valencia, con un 6%; y Andalucía,
con el 4%.
Y es que, según los expertos, la actividad exportadora tiene
que ser de ida, y no de vuelta. Por lo tanto, las preguntas esenciales
que las empresas tienen que hacerse antes de lanzarse al exterior
son éstas: ¿por qué desean exportar? ¿es importante para la empresa?
¿qué cantidad de dinero, tiempo y esfuerzo están dispuestas a
dedicar? ¿qué objetivos comerciales desean alcanzar?
A pesar de lo anterior, los problemas que se plantean una vez
constituido el consorcio pueden ser consecuencia de diferentes
factores. Por ejemplo, la falta de realización de estudios de
mercado. Muchas empresas consideran que los consorcios son más
un gasto que una inversión. Esta idea hace que se produzcan desgastes
y fracasos que se podrían haber evitado con una investigación
previa.
Falta de vocación y capacidad exportadora de algunas empresas
consorciadas -es otro de los problemas-, especialmente pequeñas
empresas que sólo pretenden aumentar sus ventas con un bajo coste,
o cuya única finalidad es la obtención de subvención. Pueden darse
también conflictos económico-financieros por dificultades, ya
sea del consorcio o de alguna de las empresas integrantes, que
puede arrastrar a las demás. De todas formas, uno de los inconvenientes
más importantes es la competencia entre los socios. Una competencia
que puede ser original, porque sus productos son homogéneos, o
bien sobrevenida al tener unas empresas más éxito que otras. El
resultado es que intenten fabricar los mismos productos. Y así,
se entra en una dinámica competitiva entre las empresas que puede
crear dudas, resquemores y falta de confianza.
Este reportaje ha sido elaborado con la colaboración de José
Luis Verdasco, jefe del Servicio e Promoción de Comercio Exterior;
José María Castañeda, asesor económico del Servicio de Promoción
de Comercio Exterior; y Gonzalo Seseña, gerente del Consorcio
Zona Norte, el primero que se constituyó en España en el sector
textil.
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